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(Meneame)Miro otra vez la cara de un
niño desconocido, una fotografía de Dan Cheng para
The Guardian, sus facciones abrasadas que casi impiden reconocerlo,
esos ojos tristes que parece decir a quienes miramos
¿Qué hice pera merecer esto?’ y yo no puedo
pensar más que qué canallas son esos adultos que
destruyen la vida de los niños con total impunidad. Ver
fotografías de niños iraquíes mutilados por la
guerra hace que el conflicto sea inolvidable. Reflexionar sobre las
causas que provocaron la guerra hace que el conflicto sea
IMPERDONABLE.
Ver fotografías de niños iraquíes mutilados
por la guerra hace que el conflicto sea inolvidable. Reflexionar
sobre las causas que provocaron la guerra hace que el conflicto sea
imperdonable. Gota a gota aparece información nueva sobre
los efectos de la guerra en los niños y cómo
[ésta] ha afectado no sólo a su salud sino a su
calidad de vida y a sus posibilidades para el futuro.
El Día Internacional del
Niño se celebra hoy [20 de noviembre] en todo el mundo.
Evidentemente no en Iraq, donde los niños se han convertido
en las víctimas más trágicas del
conflicto.
Cada cinco minutos muere un niño
como consecuencia de la guerra y muchos más son heridos de
gravedad. De los aproximadamente cuatro millones de iraquíes
desplazados, en su propio país y fuera de él, un
millón y medio son niños. La mayoría no tienen
atención sanitaria básica, educación, techo,
agua ni condiciones de higiene. Llevan sobre sus espaldas las
trágicas consecuencias de una guerra sin sentido.
100 médicos británicos e
iraquíes han afirmado que: “[…] Se deja morir a
cientos de niños enfermos o heridos que podrían
tratarse con medios sencillos simplemente porque no se tienen los
medicamentos elementales u otros recursos. Los niños que han
perdido las manos, los pies y las extremidades carecen de
prótesis. Los niños con graves problemas
psicológicos están sin tratamiento”.
No importa que de acuerdo a la
resolución 1483 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas,
tanto Estados Unidos [EEUU] como Reino Unido estén
reconocidos como los poderes ocupantes de Iraq y que como tal
estén obligados al cumplimiento de las convenciones de La
Haya y de Ginebra que exigen que los poderes ocupantes sean
responsables no sólo de mantener el orden sino
también de dar respuesta a las necesidades médicas de
la población. Tragedias como esta no tienen valedores.
Entre tanto, los niveles de
desnutrición entre los niños siguen aumentando y
actualmente hay más del doble de niños desnutridos
que había antes de la invasión liderada por EEUU. La
tasa de desnutrición infantil está ahora a la par que
la de Burundi, la de cualquier país de África asolado
por una brutal guerra civil y por encima de la de Uganda y
Haití.
Según un informe de Oxfam y otras
80 organizaciones de ayuda humanitaria, el número de
niños iraquíes que han nacido por debajo del peso
normal o que sufren desnutrición sigue en aumento y ahora
[el número] es mucho más elevado que antes de la
invasión.
Casi un tercio de la población
—ocho millones de personas— necesitan ayuda urgente y
más de cuatro millones dependen de la donación de
alimentos.
La destrucción de los servicios
básicos afecta al conjunto de la población. Por
ejemplo, el 70% de los iraquíes carece de un suministro
adecuado de agua y el 80% de medidas higiénicas efectivas,
condiciones ambas que sientan las bases para un aumento paralelo de
las infecciones intestinales y respiratorias que afectan
fundamentalmente a los niños.
Ahmed Obeid, responsable del Ministerio de
Sanidad, advierte que: “[…] Los niños mueren a
diario debido a la carencia de servicios sanitarios básicos.
El catastrófico sistema de alcantarillado y la falta de agua
depurada, fundamentalmente en los barrios periféricos, es un
tremendo problema cuya solución llevará
años”.
Al mismo tiempo, una variedad de
enfermedades crónicas relacionadas con el medio ambiente
está apareciendo entre los niños debido a su
exposición a los contaminantes ambientales. Se cree que
muchos de los casos de malformaciones congénitas y de
cáncer entre los niños son la consecuencia de la
exposición a materiales químicos y radioactivos, que
han aumentado de forma significativa durante la guerra.
Y esto sin contar con lo que
eufemísticamente denominan “daños
colaterales”: los cientos de niños asesinados por
explosiones durante los ataques suicidas o los ataques de las
fuerzas de ocupación.
Miro otra vez la cara de un niño
desconocido, una fotografía de Dan Cheng para The Guardian,
sus facciones abrasadas que casi impiden reconocerlo, esos ojos
tristes que parece decir a quienes miramos
‘¿Qué hice pera merecer esto?’ y yo no
puedo pensar más que qué canallas son esos adultos
que destruyen la vida de los niños con total impunidad.
Fuente: www.uruknet.info?p=38418 |