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La empresa canadiense Barrick, mayor
productora de oro del mundo y en la que participa Bush padre,
propone demoler parte de los glaciares andinos para extraer los
grandes depósitos de oro que ahí se han descubierto.
Chile ha aprobado el proyecto, aunque de momento algunos
ecologistas lo han parado.
26 de mayo de 2007, 08:29
Paul Walder
Santiago, Chile
La semana previa a la conferencia sobre calentamiento global que
realizó en Santiago de Chile el ex vicepresidente de Estados
Unidos Al Gore, un patrocinador de última hora estuvo a
punto de caldear el seminario y conducirlo a quién sabe
qué polémica. La compañía Barrick Gold,
principal inversionista en el proyecto minero Pascua Lama, que
prevé su emplazamiento en un área de Los Andes en la
frontera argentina y chilena, apareció como uno de los
auspiciadores de la versión chilena de este tour mundial. La
advertencia a los medios de diversas organizaciones
medioambientales alertó a los productores del seminario, que
quitaron a tiempo el mecenazgo ecológico de Barrick.
Recursos no le faltan: es la primera productora de oro del mundo, y
en el 2006 tuvo ventas por más de 1.000 millones de
dólares.
El aporte financiero de la canadiense
Barrick al seminario sobre calentamiento global no sólo
habría jugado en contra de la iniciativa planetaria de Gore,
sino que era una confusa, y ciertamente temeraria, estrategia
publicitaria. Uno de los recursos hídricos naturales
más golpeados por el proceso de calentamiento global son los
glaciares, los que, bien se sabe, se han evaporado durante los
últimos cincuenta años a un ritmo vertiginoso para el
sereno tiempo geológico.
Pero Barrick se propuso ir más
rápido: en su proyecto minero proyectó eliminar para
la extracción de oro el glaciar Pascua Lama. Lo que no ha
conseguido aún el cambio climático, las
retroexcavadoras planeaban hacerlo en unos pocos meses. La
remoción de toneladas de hielo para las cuencas
hídricas eran tan dañinas que una campaña
ecológica internacional logró que la autoridad
medioambiental chilena exigiera a la compañía
canadiense aplicar otro tipo de tecnología para la
extracción del oro y mantuviera el glaciar intacto.
En Chile, la zona comprometida corresponde
a la Tercera Región (Región de Atacama) y en
Argentina a la provincia de San Juan. Con una inversión
inicial de 1.450 millones de dólares, Barrick busca extraer
el oro que se encuentra bajo glaciares milenarios, reservas
acuíferas en el desierto más seco del mundo.
Ver más información en el
site No a Pascualama
Chile, un país minero
Chile es y ha sido históricamente
un país minero. Su economía se apoyó en los
siglos XIX y comienzos del XX en el salitre, y en la actualidad se
basa en el cobre y otros minerales: "La viga maestra de la
economía", denominó al mineral en los años 60
el ex presidente Eduardo Frei Montalva, y en los 70 Salvador
Allende lo calificó como "el sueldo de Chile". Ambos
mandatarios iniciaron entonces un proceso de nacionalización
de los yacimientos mineros, los que dieron vida a la empresa
estatal Codelco, hoy la mayor fuente de recursos fiscales.
Hoy en día, aproximadamente el 63
por ciento de las exportaciones chilenas corresponden a productos
mineros, con ventas por unos 37 mil millones de dólares. Una
actividad que constituye sin duda la piedra angular de su
economía, con el 17 por ciento del PIB nacional, la que ha
sido también apuntalada de manera especial por diferentes
leyes y normativas que han buscado atraer inversionistas privados a
este sector. Todo un éxito: entre 1974 y 2006, un tercio de
toda la inversión extranjera realizada en Chile se ha
canalizado hacia la minería. Prácticamente todas las
grandes compañías mineras del mundo -BHP Billiton,
Phelps Dodge, Anglo American, Falconbridge, y, claro está,
Barrick, entre las principales- tienen su asentamiento en el norte
chileno.
La legislación que causó la
mayor polémica durante más de diez años,
concebida a modo de imán para inversionistas extranjeros,
fue la exención tributaria que gozaron las grandes
compañías privadas del cobre, las que durante las
últimas décadas prácticamente no pagaron un
centavo al fisco. En la actualidad, y tras un largo debate
parlamentario, un sistema de royalty -bastante etéreo,
según sus detractores- se aplica al sector desde el gobierno
pasado de Ricardo Lagos.
La mayoría de los emplazamientos
mineros están en las regiones del norte de Chile. Pascua
Lama está ubicada en la Región de Atacama, en el
valle de Huasco, zona fértil, de clima templado y cielos
nítidos, que alberga a numerosos agricultores que cultivan
olivos y uva para producir pisco. El anuncio de Barrick de explotar
el yacimiento de oro -un proyecto que suma unos 1.500 millones de
dólares, aun cuando podría elevarse a 2.500 millones
si se aplica la tecnología que preserva el glaciar- ha
puesto desde hace años en alerta a gran parte de los
agricultores, que presumen, con estudios en la mano, efectos
nocivos en las cuencas hídricas. El intenso consumo de agua
para la producción aurífera impediría en un
mediano plazo el desarrollo de la agricultura.
Luis Faure, concejal demócrata
cristiano de Alto del Carmen, localidad en el valle del Huasco, es
uno de los dirigentes en la lucha de los habitantes de la zona de
Pascua Lama, aunque este caso, ya conocido internacionalmente, ha
pasado a ser también la causa emblemática del
movimiento ecologista chileno, apoyado a su vez por el argentino.
El concejal y hoy activista medioambiental ha explicado que como
referencia está el valle de Copiapó, en la misma
región, donde el agua se está agotando como
consecuencia de la actividad minera. Huasco podría seguir la
misma suerte, aun sin la remoción del glaciar: los diversos
trabajos mineros, que intervienen los glaciares indirectamente, los
han reducido en un 70 por ciento de su volumen y podrían
adelgazarse mucho más por la trasferencia de calor, trabajos
con explosivos y levantamiento de tierra de las obras.
Pascua Lama, que en el lado argentino ya
ha comenzado las faenas, ha estado detenida por dos factores en
Chile. Uno ha sido la evaluación ambiental, que en la
actualidad está aprobada con la condición de
preservar el glaciar. El segundo obstáculo para la
compañía canadiense ha sido un embrollo legal que ha
hecho aparecer a otros propietarios del yacimiento -supuestamente
los verdaderos dueños, a pesar de que éste es un
asunto propio de los tribunales-. Un asunto que finalmente para
Barrick, que ya ha hablado de 2.500 millones de dólares, es
puramente de costos.
El proyecto, de miles de millones, ya ha
despertado en la zona y en el país aquellas pasiones,
ilusiones, esos sueños de delirio y codicia. La fiebre del
oro de Huasco no ha atraído, como en otras épocas y
lugares, a millares de soñadores y hambrientos buscavidas.
Sí a ejecutivos, lobbystas y picapleitos que deambulan por
la zona y el país en el intento de atrapar esta quimera del
oro.
Hay ofertas y regalos, promesas y
recompensas que abundan por el valle. Cualquier esfuerzo de hoy,
bien se sabe, mutará en oro mañana. Y para ello basta
echar un vistazo a las cotizaciones mundiales del metal: hace cinco
años bordeaba los 300 dólares la onza; durante mayo
ya roza los 700. Con estos precios, cualquier proyecto
aurífero tiene las características de una nueva
fiebre del oro.
El proyecto está en su fase
terminal. A Barrick tan solo le falta obtener las últimas
autorizaciones y aclarar los enredos legales. A los habitantes y
agricultores de Huasco, seguir luchando a través de
movilizaciones, que son "las únicas que pueden decidir las
cosas. Las batallas legales no llevan a nada, el poder de Barrick
es enorme y las leyes están hechas para que los proyectos de
las transnacionales resulten", ha sentenciado el concejal Faure. En
fin, casi nada.
Fuente: Terra Latinoamérica |